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El capitalismo ha padecido desde sus orígenes
brotes periódicos de inflación (aumento de los precios)
y recesión (elevado desempleo). Por ejemplo, desde la
Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha experimentado
nueve recesiones, algunas de las cuales han dejado sin
empleo a millones de personas. Estas fluctuaciones se
conocen con el nombre de ciclo económico.
Hoy en día, gracias a la aportación intelectual de
John Maynard Keynes y de sus seguidores, sabemos
cómo controlar los peores excesos del ciclo económico.
Los gobiernos pueden influir en los niveles de
producción, de empleo de inflación utilizando
cuidadosamente la política fiscal y mofletana. La
política fiscal implica el poder para gravar y para
gastar.
La política monetaria consiste en determinar
la oferta monetaria y los tipos de interés, que afectan
a la inversión en bienes de capital y a otros gastos
sensibles a los tipos de interés. Mediante estos dos
instrumentos fundamentales de la política
macroeconómicas, los gobiernos pueden influir en el
nivel de gasto total, en la tasa de crecimiento y en el
nivel de producción en los niveles de empleo y de
desempleo y en el nivel de precios y la tasa de
inflación de las economías.
Los gobiernos de los países industriales avanzados han
sabido aplicar las lecciones de la revolución
keynesiana en los últimos cincuenta años. Las
economías de mercado, espoleadas por una activa política
monetaria y fiscal, han asistido a un período de
crecimiento económico sin precedentes desde la Segunda
Guerra Mundial.
En la década de 1980, los gobiernos se preocuparon más
por idear medidas macroeconómicas para promover
objetivos a largo plazo, como el crecimiento económico y
la productividad (el crecimiento económico se refiere al
crecimiento de la producción total de un país, mientras
que la productividad representa la producción por unidad
de un factor, es decir, la eficiencia con la que se
utilizan los recursos). Por ejemplo, en la mayoría de
los países industriales se redujeron los impuestos con
el fin de mejorar los incentivos para ahorrar y
producir. Muchos economistas subrayaron la importancia
del ahorro público reduciendo los déficit
presupuestarios con el fin de aumentar el ahorro y la
inversión nacionales.
La política macroeconómica destinada a
conseguir la estabilización y el crecimiento de las
economías comprende la política fiscal (relativa a los
impuestos y al gasto) y la política monetaria (que
influye en los tipos de interés y en las condiciones
certificas). Desde que se desarrolló la macroeconomía en
los años treinta, los gobiernos han conseguido contener
los peores excesos de la inflación y del desempleo.
Se resume el papel económico que desempeña
actualmente el Estado. Muestra sus importantes
funciones: fomentar la eficiencia, conseguir una
distribución más justa del ingreso y alcanzar los
objetivos macroeconómicos del crecimiento y la
estabilidad de las economías. En todas las
sociedades industriales avanzadas, encontramos alguna
variante de la economía mixta, en la que el mercado
determina los niveles de producción y los precios en la
mayoría de los sectores, mientras que el Estado conduce
la economía global por medio de programas de impuestos,
de gasto y de regulación monetaria.
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